PuentesVolumen 9Número 3 • julio de 2008

Cumbre mundial sobre crisis alimentaria


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En plena escasez relativa de alimentos, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) realizó una conferencia con el fin de abordar el tema de la seguridad alimentaria. Las medidas acordadas en la conferencia, así como las tomadas en diversos ámbitos por los gobiernos, han sido blanco de críticas por no representar soluciones integrales y a largo plazo al viejo problema del hambre.

A pesar de que América Latina es la región que cuenta con el mayor superávit de intercambio de alimentos en el mundo1, no escapa a esta situación preocupante. La CEPAL estima que tanto ha afectado esta crisis a la región, y más aún, tanto la seguirá afectando, que unos 15 millones de latinoamericanos podrían ser arrastrados a la indigencia, con lo cual el número total ascendería a 84 millones2.

La Cumbre de Roma

Cuatro son las cumbres mundiales sobre el hambre que se han realizado a partir de 1974 hasta la reciente celebrada en Roma entre el 3 y el 5 de junio de 20083. En todas ellas, y la última no es la excepción, los gobiernos invariablemente se han comprometido a avocarse a la tarea de reducir los niveles de pobreza y con ello el hambre. Algunos se preguntarán para qué hacía falta una cumbre mundial adicional que renovara compromisos que ya se habían asumido años atrás sobre un problema tan poco novedoso.

Las medidas a corto plazo de esta ocasión incluyen: un reforzamiento inmediato de los sistemas de asistencia para los países más vulnerables y un “decidido” apoyo a la producción y comercio agrícolas, compromiso dentro del cual, evidentemente, se incluye a su vez el concluir lo antes posible la Ronda de Doha.

La Declaración producto de la citada conferencia también menciona medidas a mediano y largo plazo entre las que se destacan: apoyo a la inversión en agricultura, investigación en torno a la adaptación de la agricultura al cambio climático, mayor liberalización del comercio agrícola y un análisis exhaustivo de los impactos de la producción de biocombustibles.

Hace falta más que una Declaración

La Declaración terminó diciendo que los países se comprometen a “eliminar el hambre y a garantizar hoy y el día de mañana alimentos para todos”, lo que pareciera no ser suficiente para quienes dan seguimiento a este crítico fenómeno.

Algunos gobiernos latinoamericanos y organizaciones civiles del mundo entero se expresaron en contra de lo que consideran son nada más que medidas tibias para un problema que requiere de intervenciones estructurales radicales. Como la propia Declaración de la Cumbre de Roma reconoce: “La crisis actual ha puesto de manifiesto la fragilidad de los sistemas alimentarios mundiales y su vulnerabilidad ante las situaciones difíciles”. No obstante, lejos de proponer un mayor control del mercado de los alimentos, que luego de tres décadas de desregulación ha vuelto a caer en crisis, lo que hace es pedir más liberalización de los mercados, sólo que combinado con más apoyo a los consumidores pobres.

¿Qué esperar de Doha?

En diversos foros oficiales se apuesta por la conclusión de la Ronda de Doha como la mejor vía para salir a flote de la crisis alimentaria mundial. Los líderes de las principales entidades internacionales que están analizando el tema (Naciones Unidas, la OMC, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional) concuerdan en que el éxito de Doha es un requisito sine qua non para superar la crisis. La razón primordial es que la Ronda de Doha está apuntando a lograr la reducción drástica de subsidios a la agricultura en los países desarrollados. Tales ayudas domésticas son consideradas por los expertos como una importante causa de que las economías en desarrollo hayan comenzado a importar alimentos en detrimento de sus productores locales.

Quienes contradicen dicha visión arguyen que en estas negociaciones se están dejando afuera puntos clave del sistema alimentario global, pues no toda la problemática actual de alimentos tiene como causa única los subsidios a la agricultura en los países ricos. Algunos de estos puntos ignorados por Doha serían: el cambio climático, la cuadruplicación de los precios del petróleo, la falta de competencia en los mercados de insumos agrícolas, la ausencia de disciplina en la especulación financiera y la producción insostenible de biocombustibles (ver el artículo de Joachim von Braun en este número).

Restricciones a las exportaciones, la medida equivocada

Desoyendo las recomendaciones de no pocos expertos, en los últimos meses decenas de países han restringido las exportaciones de alimentos como remedio contra el desabastecimiento interno de productos básicos. El Director General de la OMC, Pascal Lamy, manifestó que dichas restricciones agudizan el incremento de los precios de los alimentos. Lo anterior se explica porque las restricciones constriñen la oferta mundial de alimentos, conllevando efectos nefastos para los países que son importadores netos, en especial las economías más vulnerables.

Pero los países exportadores que se autoimponen restricciones también se ven perjudicados al erosionar su credibilidad como fuentes estables de alimentos. La representante de comercio de los EE.UU. Susan Schwab describió la situación de la siguiente manera: las medidas de un país para proteger su seguridad alimentaria se convierten en la inseguridad alimentaria de otros países. Se refería a las restricciones a las exportaciones efectuadas por terceros países, y no a los altísimos subsidios domésticos de su país (ver artículo sobre el Farm Bill en este número).

Soluciones sólo a corto plazo

Ante la gravedad del problema, el gobierno de México, a manera de mitigación inmediata, arribó a un acuerdo con una de las cámaras más representativas de la industria alimentaria. Según el mismo los precios de unos 150 productos alimenticios se congelaron desde el 18 de junio pasado hasta fin de año. El acuerdo no ha estado exento de críticas pues pocos productos incluidos forman parte de la canasta básica4.

Mientras tanto, los líderes de los países de Centroamérica se reunieron en mayo pasado en Nicaragua con la finalidad de trazar un camino que lleve a la reactivación de la producción de granos básicos en la región.

La idea no ha generado tanta ilusión como se esperaba, ni entre analistas ni entre productores. Según el experto en temas agrícolas Carlos Pomareda5, reactivar la producción para aprovechar los altos precios no es tan fácil como parece. Los costos de producción tan elevados son un factor inobjetable. Además, “sembrar no es garantía de cosechar” dado que los riesgos climáticos son muchas veces impredecibles en la región; pero también, a causa del cambio climático, los embates de fenómenos naturales son mucho más intensos y devastadores. Otro punto fundamental es que el agro se convirtió en un sector de poco interés para los gobiernos de la región. No solamente no se dispone de semillas de calidad, sino que hay que aceptar que se ha perdido un gran caudal de conocimiento asociado al agro.

La impresión generalizada en analistas y organizaciones sociales por las decisiones de los gobiernos, es que se está privilegiando la actuación a corto plazo por una razón más que poderosa: el hambre genera violencia, y puede desatar las más graves crisis sociales que conlleven a la ingobernabilidad.

Más allá de sólo evitar el caos subsidiando a los pobres para que puedan comer, se requiere una verdadera estrategia que abarque diferentes aspectos y que a largo plazo garantice lo que en tantas declaraciones se ha plasmado como un compromiso: erradicar el hambre en el mundo que de sobra tiene la capacidad para alimentar adecuadamente a todos.

1 Banco Mundial (2008). ¿Cuáles son los factores que influyen en el alza de precios de los alimentos y sus efectos en la región? http://go.worldbank.org/60SND3T680
2 CEPAL. (2008). Proyecciones de pobreza e indigencia según aumentos de precios de alimentos.
En http://www.eclac.cl/prensa/noticias/comunicados/3/32773/Cuadro_CP180408.pdf
3 Murphy, S. & Smaller, C. (2008). The Real Tragedy behind the Global Food Crisis. http://www.iatp.org/iatp/commentaries.cfm?refID=102865
4 Martínez, M. (2008, 20 de junio). 4 errores al congelar los precios. CNN Expansión.
5 Pomareda, C. (2008). Los Precios de los Alimentos: Desafíos y Oportunidades en Centroamérica. San José: SIDESA.

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