PuentesVolumen 12Número 2 • mayo de 2011

Gobernanza del comercio internacional y economía verde


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Ricardo Meléndez Ortiz*

Este artículo sobre gobernanza del comercio internacional para la economía verde es el primero de una serie que se publicará con miras a la conferencia de Rio+20 en 2012. En esta ocasión, Ricardo Meléndez Ortiz, Director Ejecutivo de ICTSD, hace una reflexión sobre los medios y las limitantes del sistema de comercio internacional como soporte para la sustentabilidad.

Economía y sustentabilidad

En su concepción más simple, la “economía verde” es una economía sustentable: un sistema de interacciones entre mercados, fuerzas ambientales y políticas sociales que apoyan la subsistencia humana y las libertades de las generaciones.

La sustentabilidad amplía el estudio de la economía, llevándola más allá de la presunción de que la utilidad explica a profundidad el comportamiento individual y que ciertas leyes “naturales” gobiernan los intercambios de mercado. La sustentabilidad pide la reformulación de la economía en la dirección propuesta por Amartya Sen, que reúne la economía moderna con los fundamentos de la filosofía moral del asistencialismo, y por lo tanto fusiona la economía con la realidad de los recursos naturales de hoy en día, el mercado global de rápida integración y el ritmo desenfrenado de la innovación tecnológica.

Si la economía pretende “entender, explicar y predecir el comportamiento humano” para reportar “pronósticos y políticas” al servicio de la sustentabilidad, jugar con los conceptos de la economía clásica podría no brindarnos todas las herramientas que necesitamos. El desarrollo sostenible requiere que los actores económicos sean guiados por un objetivo aristotélico “divino”, no por el “bien del hombre”. En palabras de Adam Smith, los buenos ciudadanos promueven el “bienestar de la sociedad entera”, aunque hoy en día dichos objetivos también se refieren a un imperativo intergeneracional.

Debemos asegurarnos de que los acuerdos institucionales y “las decisiones no perjudiquen las posibilidades de mantener o mejorar las condiciones de vida futuras”. Más aún, al captar las externalidades negativas del uso de nuestros recursos naturales, “nuestros sistemas económicos (deben) ser gestionados de forma que podamos vivir de sus ganancias”. Debemos distinguir “entre supervivencia, la cual en todo momento requiere de un bienestar por encima de un umbral, y sustentabilidad, la cual exige que dicho bienestar no decrezca en ningún momento”. Asimismo, debemos brindar incentivos para proteger las selvas tropicales en lugar de convertirlas en carbón.

Actualmente estamos en la transición de un mundo pleno hacia uno en el cual se han comprometido las capacidades de los recursos del planeta para sostener nuestras vidas cotidianas. También vivimos en un mundo de gobernanza global económica y social de múltiples niveles. Desde una perspectiva del sistema comercial actual, ¿cómo podemos alcanzar la sustentabilidad?

La red de gobernanza

El comercio y el desarrollo sostenible dependen de las instituciones. Ante la ausencia de una autoridad global formal, los gobiernos necesitan asegurar que las instituciones nacionales e internacionales se relacionen constructivamente para perseguir objetivos de desarrollo sostenible y no para propósitos contradictorios. Algunas políticas cruciales de desarrollo sostenible tendrán ramificaciones en el intercambio comercial. Mientras que los gobiernos nacionales pueden establecer directivas de sustentabilidad para sus ministerios, no es el caso a nivel multilateral. La “gobernanza” global, en lugar del “gobierno”, reconoce un sistema que opera bajo reglas formales e informales, prácticas que surgen de múltiples sectores, y esfuerzos ante los que responden múltiples actores. Lograr reforzar estas normas y trabajar coherentemente es vital. Para alcanzar este objetivo, los gobiernos tendrán que trabajar de manera innovadora en sus instituciones.

Los retos son múltiples. El crecimiento poblacional está concentrado en los países más pobres, donde satisfacer las necesidades y las aspiraciones más básicas de desarrollo implica un incremento en el uso de los recursos. Aumentar el bienestar en el mundo en desarrollo conlleva cambiar dietas alimenticias y estimular la demanda de alimentos intensivos en recursos, lo que pone presión sobre la naturaleza y los sistemas de energía. Los impactos del cambio climático complican aún más este escenario.

Las nuevas políticas sobre inversión, financiamiento, energía y  conocimiento son necesarias para encauzar la actividad económica en métodos de producción que favorezcan la conservación de los recursos. No obstante, el actual sistema de comercio - que abarca las reglas multilaterales de la OMC junto con el escenario en expansión de acuerdos bilaterales y regionales - todavía no está totalmente equipado para conducir la actividad económica hacia nuevos senderos.

No nos ilusionemos con la capacidad del sistema comercial para que asuma  un papel preponderante en esta encrucijada. La mayoría de las decisiones que se requieren para situar al planeta en el camino de la sustentabilidad no se tomarán en el sistema comercial. No obstante, dichas decisiones de política - desde la internalización de los costos ambientales hasta las políticas que fomentan la innovación - tendrá repercusiones sobre el comercio. Algunas políticas coincidirán con asuntos que ahora han sido tratados por las normas  comerciales internacionales, como propiedad intelectual y estándares y protección para los inversionistas extranjeros. Hay muchas oportunidades para que los responsables de formular política aseguren que aquellas que estén  relacionadas con el comercio, no le resten valor al objetivo de desarrollo sostenible.

Al mismo tiempo, el sistema de comercio debe permanecer fiel a sus propios principios y no permitir que la política ambiental se convierta en un pretexto para que los gobiernos asuman prácticas discriminatorias o sucumban a los caprichos de actores domésticos influyentes. Las políticas comerciales y de inversión determinan la asignación y el uso de recursos, desde minerales, hasta laborales, de conocimiento o suelo. La habilidad de las sociedades individuales para gobernar sus recursos domésticos se ve afectada por los sistemas internacionales de regulación del comercio y la inversión - sistemas que sin duda pueden influenciar.

La idea es muy simple, pero los gobiernos tienen la práctica de quitar por un lado aquello que otorgan por el otro. Al combinar las políticas de desarrollo con ayuda para el desarrollo, con frecuencia han ignorado los efectos de sus políticas de comercio, inversión, migración y ambiente sobre el desarrollo. El ejemplo clásico es imponer aranceles altos a aquellos bienes que se exportan desde países receptores de ayuda. La incoherencia de los gobiernos en la búsqueda de la seguridad alimentaria, un objetivo de desarrollo global durante décadas, es tal, que alrededor de una de cada seis personas no recibe el suficiente alimento para llevar una vida sana y activa.

Un problema relacionado con la gobernanza comercial es ampliamente conocido: los subsidios y los aranceles agrícolas de los países ricos disminuyen los precios y aminoran los incentivos para que los gobiernos de los países en desarrollo, o el sector privado, inviertan en la producción agrícola y construyan caminos y otra infraestructura rural necesaria para ese propósito. La Ronda Uruguay, que sumó los aranceles y los subsidios agrícolas a las reglas multilaterales de comercio, erró en corregir dichas prácticas. Décadas de baja productividad y bajos precios agrícolas presionaron a muchos agricultores pequeños en países en desarrollo a buscar otras fuentes de ingreso. En el proceso, se convirtieron en compradores netos de alimentos. Cuando los precios de los alimentos aumentaron en 2007-2008, muchos agricultores de países en desarrollo se encontraron atrapados en esta situación. La corrección de estos problemas requiere de un enfoque basado en la evidencia que permita a los países superar los intereses comerciales y mercantilistas y concluir la Ronda Doha de la OMC. Una acción coherente y de cooperación sobre el uso de la tierra en los diferentes ámbitos de la gobernanza, sea en bosques, agua, biodiversidad o clima, es otra necesidad que debe abordarse urgentemente.

Un mundo multipolar

No es posible mirar los procesos de gobernanza comercial de forma aislada respecto a los retos más amplios de la gobernanza. Las instituciones internacionales modernas deben operar en circunstancias inéditas: un mundo multipolar. Más aún, la peor crisis financiera y económica en décadas ha echado abajo muchos de nuestros prespuestos básicas sobre la economía global. Como resultado, los principales poderes discrepan sobre los aspectos fundamentales sobre cómo las economías deben organizarse. Creencias y expectativas similares son necesrias para motivar la acción y cambiar los regímenes internacionales.

Aunque la “coherencia política” es una frase muy recurrida, pero que poco se aplica, es un concepto al cual debemos regresar. Nuestro fracaso colectivo para producir bienes públicos globales, como un cuerpo actualizado de reglas comerciales multilaterales que responda mejor a las necesidades de los países pobres y disminuya las emisiones de gases de efecto invernadero, se debe en parte a la deficiencia de lo que se llama “cosmopolítica”, una “acción política global que trasciende las bases estrictas estatales o bien multilaterales”.

Más y mejor

Las reglas y prácticas agrupadas en el sistema multilateral de comercio ofrecen a los gobiernos un amplio potencial para tomar acciones sobre los retos actuales y futuros relacionados con el desarrollo sostenible; es sólo que todavía no se han aprovechando completamente para ese propósito. Convertir  la gobernanza global en un mejor soporte para el desarrollo sostenible requerirá que los gobiernos realicen esfuerzos invaluables respecto a varias prioridades, desde salud pública a protección ambiental y corrupción. No obstante, las instituciones de comercio siguen siendo en gran medida un asunto entre gobiernos.

Es probable incluso que la función “legislativa” o de elaboración de normas de la OMC y de otras instituciones comerciales permanezca constreñida a la participación gubernamental. Fuera de su aportación a la función “ideal” - la identificación de temas a debatir, así como sus posibles soluciones - es deseable que participen fuentes no tradicionales (es decir, otras que no sean  sector privado). Pero una vez más, los gobiernos jugarán un papel central. Aún cuando existiera una “red trisectorial” parecida a la Comisión Mundial de Represas para que los gobiernos, el sector empresarial y la sociedad civil reflexionen conjuntamente sobre las soluciones a los problemas que enfrenta el sistema comercial, cualquier recomendación enfrentaría complicaciones para ser considerada en la OMC, a menos que dichas iniciativas reciban el respaldo de los gobiernos.

Hay muchas opciones en los acuerdos preexistentes para impulsar una reforma y reforzar la responsabilidad pública. La integración de la sustentabilidad y la coherencia a través de un mandato y una visión universal puede hacer la diferencia.

Para entender este sistema caótico y desordenado, podemos empezar por los cientos de acuerdos preferenciales que existen. La OMC en tal sentido ha fallado enormemente en establecer normas consistentes. Una carencia permanente del sistema comercial es que los gobiernos tienen capacidades muy desiguales para evaluar sus propias necesidades y entender las implicaciones de la compleja red de acuerdos respecto a los retos globales. Una de las propuestas, que consiste en una revisión por parte de Un nuevo Grupo de Trabajo de Ministros, puede ayudar a minimizar las ineficiencias y complejidades inherentes al sistema actual. Esto podría coadyuvar a disminuir la exigencia de participación por parte de los poderes supremos, y por lo tanto lograr que la coherencia sea más plausible.

En esta misma dirección, los países necesitan revisar sus reglas de comercio que no estén apoyando el desarrollo sostenible. La diferenciación de facto entre países en desarrollo resultado de las negociaciones de la Ronda Doha, podría convertirse en un trampolín para un experimento audaz dando a las naciones más espacio político para responder al riesgo, a las situaciones insostenibles, o a las vulnerabilidades. Las partes de los acuerdos comerciales bilaterales podrían modificar las disposiciones sobre inversión de manera que éstos no se utilicen con un arma legítima contra la salud y las acciones a favor del medio ambiente. Los Miembros de la OMC podrían actuar para anticiparse a los retos potenciales de la gobernanza comercial que pudieran surgir de la búsqueda del desarrollo sostenible por parte de los gobiernos, lo que permitiría una respuesta ágil.

Los Miembros de la OMC harían bien en aprovechar las reglas actuales en materia de subsidios para identificar las dádivas del gobierno que dañan el medio ambiente. Además, las normas de contratación pública y los estándares sobre procesos y métodos de producción, o aquellas medidas que se refieren al contenido de carbono, deben ser desarrolladas siguiendo los principios de no discriminación y asegurando la prevención de un proteccionismo disfrazado.

En los últimos años, los países han sido capaces de expresar en términos comerciales - a través de prescripciones específicas para acceso a mercado, por ejemplo - conceptos difíciles tales como seguridad alimentaria, medios de subsistencia sostenibles y desarrollo rural. Y lo han hecho en el contexto de las negociaciones de la Ronda Doha al reconocer y clasificar las particularidades de los productos específicos respecto a las condiciones agro-ecológicas, la ingesta nutricional, la importancia del empleo, y una larga lista de indicadores que a pesar de su complicada realidad, de otro modo serían impercebibles para la formulación de políticas multilaterales. Aunque las posibilidades existen, los países solamente pueden cambiar de dirección y reorganizar sus objetivos si detrás hay una visión convincente y un liderazgo político.

Un sistema ampliado

La cooperación en cuestiones específicas fuera de las instituciones relacionadas con el comercio, podría ampliar la contribución de la gobernanza comercial al desarrollo sostenible. Por ejemplo, mientras sigue el lento proceso de reducción de subsidios agrícolas de los países ricos en la OMC, los gobiernos que colaboran en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) podría acordar un “impuesto” sobre estos subsidios y dirigir los fondos al financiamiento de la investigación agrícola y a los servicios de desarrollo y extensión en países en desarrollo.

Tener que pagar extra por el privilegio de subsidiar obligará a los gobiernos a reflexionar dos veces sobre los costosos programas agrícolas y sus consecuencias internacionales. Invertir una parte de los montos de ese subsidio directo en impulsar la productividad agrícola en los países en desarrollo ampliaría los efectos del proceso de reforma de la OMC. Un impuesto sobre las subvenciones podría ser una ilusión, pero un asunto comercial completamente distinto, con ramificaciones directas sobre la seguridad alimentaria, incluyendo las prohibiciones a las exportaciones agrícolas, será imposible de abordar sin políticas complementarias serias.

Las repentinas prohibiciones a las exportaciones agrícolas no son buenas políticas: no sólo porque “matan de hambre a tu vecino”, como dijo el entonces director del International Food Policy Research Institute, Joachim von Braun, sino que también desalientan la inversión para impulsar la producción futura. Sin embargo, las prohibiciones a las exportaciones tienen mucho sentido para un gobierno que se enfrenta a manifestantes locales que exigen precios más baratos. Del mismo modo, el cultivo del arroz en invernaderos con energía solar, alimentado por aguas subterráneas y enfriado con agua de mar, parece absurdo tanto desde el punto de vista económico como ambiental. No obstante, Djibouti comenzó a implementar esta práctica cuando sintió que ya no podía confiar en los mercados mundiales para su abasto alimenticio.

Acciones fuera de la OMC podría aumentar los impactos de desarrollo sostenible de las negociaciones de Doha para la liberalización de bienes y servicios ambientales. La investigación en energías renovables sugiere que los aranceles son apenas uno de muchos factores que determinan si las compañías investigan en tecnología verde. Otras políticas, como las ‘cuotas de alimentación’ que garantizan un precio para la electricidad renovable, subsidios a los componentes, y la reducción de impuestos para la energía renovable, también son importantes. Si un grupo de gobiernos se reuniera y cooperara sobre estos aspectos, por ejemplo, armonizando los estándares o volviéndolos operables a distintos niveles, y estableciendo incentivos para compartir los secretos comerciales ligados a la tecnología verde, se expandiría significativamente el mercado de los bienes ambientales. Iniciativas independientes, que se basen en principios multilaterales, podrían ser la respuesta a la inercia de la OMC en el mediano plazo.

De manera más inmediata, la coherencia en las respuestas de financiación es un asunto urgente pues la comunidad internacional está comenzando a comprender las necesidades de las economías en desarrollo que enfrentan desafíos emergentes. Es importante destacar que se ha establecido en la OMC la iniciativa de Ayuda para el Comercio (A4T) con el apoyo de varias de las instituciones internacionales más importantes en materia de financiamiento. En 2006-2007, el total de nuevos compromisos provenientes de donantes multilaterales, bilaterales y otros ascendió a más de US$ 50 mil millones. Al mismo tiempo, el Protocolo de Kioto dio pie a la financiación para la mitigación del cambio climático en países en desarrollo. Los compromisos bajo la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático y el Acuerdo de Copenhague de 20009 alinearon US$ 30 mil millones para su liberación inmediata en el período 2010-2012. Se espera que este flujo de fondos aumente hasta US$ 100 mil millones por año en 2020 con la finalidad de atender las necesidades de adaptación y mitigación de los países en desarrollo.

Tanto la financiación para el clima como la iniciativa A4T podrían estar persiguiendo objetivos similares y sinérgicos: desde determinadas capacidades analíticas y de política, a cambios en la producción,  necesidades materiales, y retos en materia de competitividad. Las realidades operativas obligarán a abordar el comercio y el financiamiento del clima de una manera coordinada. Todavía no se ha logrado la comprensión a profundidad de las necesidades, formas y medios para efectuar cambios demostrables, como es un régimen de gobierno eficiente y sensible. Las lecciones aprendidas en la financiación de los acuerdos de cambio climático, la elaboración de planes nacionales de adaptación, así como el esfuerzo del Banco Mundial de publicar documentos de estrategia para la reducción de la pobreza como base para la financiación del desarrollo, deben impulsar una mayor coherencia. Los mecanismos existentes requieren ser probados para determinar si están equipados para llevar a cabo análisis de ciclo de vida de los proyectos de asistencia de carbono o de impacto sobre la biodiversidad. Por otra parte, tenemos que preguntarnos qué podemos hacer respecto a la incorporación de estos imperativos y respecto al manejo de los costos correspondientes. El diseño de un aparato institucional que reúna a los donantes con los países receptores en torno al objetivo de coherencia y coordinación es una tarea primordial en la gobernanza del comercio para la economía verde.

Reflexión final sobre comercio y economía verde

El sistema comercial de hoy en día podría ser incapaz de dirigir al mundo hacia una “economía verde”. No obstante, es un dispositivo de gobernanza sabiamente construido, con principios muy valiosos para la gestión de la interacción entre Miembros en distintos niveles de desarrollo. Sin embargo, es un sistema informado por una visión teórica de la economía y el homo economicus, que es cuestionable desde la perspectiva de la sustentabilidad. A falta de un estudio adicional, y echando mano de las posibilidades con las que actualmente contamos, podemos acercarnos al camino del cambio si las preocupaciones sociales se introducen de manera operativa y el sistema se adapta mediante pasos estratégicos. Una firme voluntad política, que sea articulada en la forma de un pacto de visión compartida acordado en Rio+20, puede provocar y hacer posible una reforma.

Establecer un sistema de gobernanza para el comercio que impulse la economía verde requerirá de tiempo - que sea dolorosamente mucho tiempo está en manos de nuestro líderes. El tiempo es sin duda la prueba de fuego.

*Director ejecutivo de ICTSD. [email protected]

10 responses to “Gobernanza del comercio internacional y economía verde”

  1. Natalia Romero

    Es importante tener presente que la economía del futuro debe ser pensando en el medio ambiente, ya que, no se puede pensar en una economía sostenible si no existe preocupación por entorno que nos rodea y las consecuencias de los actos realizados en la actualidad, razón por la cual, es necesario que exista una voluntad política que se preocupe por el sostenimiento del ambiente, teniendo en cuenta la utilización de bienes no renovables que son de vital importancia para el sostenimiento de la especie.
    No podemos olvidar que el mundo no es sólo nuestro sino también de las generaciones que están por venir.

  2. JOSE ANTONIO GONZALEZ BUSTOS

    La nuevas relaciones mundiales, cambian de forma acelerada, situación que debemos enfrentar como algo normal, interpretando las realidades, buscando adecuardonos a lineamientos generales, pero sin dejar de lado lo local, que necesita integrarse con lo global, para no perder la identidad. Lo económico deber ir a tono con lo político, buscando la sostenibilidad del ser humano como fundamento de la existencia, que defiende su propio entorno, es decir la naturaleza y sus recursos que de los cuales dependemos para vivir.
    Los gobernantes estan en la línea de fuego, donde deben tomar medidas inmediatas para cambiar rumbos, evitando situaciones catastroficas.

  3. carlos salomon rivera balaguera

    La economía mundial, requiere, de un análisis con perspectiva particular, dependiendo de las circunstancias particulares de cada país.

    Definitivamente, no se puede priorizar la produccion industrial y tecnológica masiva, sin antes sustentar la productividad en la planeación equilibrada y sostenible, que implica la protección del medio ambiente y por encima de todo la preservación y protección de la raza humana a lo que podríamos llamarle “Desarrollo humano sostenible” partiendo de una posición en la que el ser humano, su protección y su calidad de vida, son el objetivo fundamental.

    La gobernabilidad, debe enfocarse, en una correcta planeacion que consulte las prioridades de sus habitantes, su desarrollo humano, su participación, dejando a un lado las prioridades meramente económicas.

    A manera de conclusión, considero, que el liderazgo gubernamental, debe entender que el ser humano, juega un papel preponderante, que finalmente, la afectación de la calidad de vida o la existencia de la vida, están por encima de cualquier política macroeconómica.

  4. angel e ibarra a

    La economía mundial desafortunadamente va en crecimiento sin tener en cuenta el medio ambiente lo que posiblemente llevaria a un desarrollo humano no sostenible.
    Los gobiernos deben apoyar más los agricultores con subsidios y tecnología para mayor crecimiento rural.

  5. nidia constanza diaz medina

    Es indudable que el giro normal de las actividades comerciales por parte de los gobiernos en desarrollo de sus economías deben ajustarse un marco común que les permita tomar decisiones que redunden en beneficio de todos sus habitantes sin hacer acepción de ninguna clase social, con lo cual se obtiene el desarrollo social y en ruta a los estados en desarrollos armónicos y sostenibles. Los gobiernos no deben olvidarse que hoy no están solos sino que hacen parte de un conglomerado mundial, por ende sujetos a las reglas y costumbres que para tal efecto fijen las comunidades para que su desarrollo sea sostenible.

  6. carlos alberto daza gutierrez

    Me parece que dentro del espectro del comercio verde es necesario establecer como un presupuesto de la gobernabilidad dentro de un ambito mundial el desarrollo sostenible del comercio

  7. ramiro pastas tufiño

    El comercio mundial tiene muchos retos que superar pues se trata de una actividad muy compleja que abarca aspectos políticos, económicos, culturales y legislativo. Los gobernantes tienen q formular políticas de comercio acordes con el desarrollo sotenible, teniendo en cuenta q los recursos son limitados

  8. JOHN RESTREPO ZAPATA

    El artículo recoge el gran anhelo de la humanidad, desarrollo sostenible y equitativo, expresado fundamentalmente en las oportunidades del crecimiento y el desarrollo de las comunidades en las áreas del mundo con menor riqueza y mayor exclusión económica y precariedad alimentaria.

    Retrata la realidad sobre el modelo mundial de entendimiento entre mercados o “gobernanza” mercantil, que hasta hoy impera y que no se percata de sus asimetrías e inequidades, o si lo hace, no se detiene a repararlo. Caso concreto, las hambrunas africanas versus la opulencia en los paises del G7.

    A pesar de las asimetrías y lógicas disgresivas, parece asomar una ventana de oportunidad en el diálogo entre ORGANIZACIONES globales tipo OMC, OCDE que mediante cruce de regulaciones y compensaciones podría a futuro equilibrar la voracidad del capitalismo salvaje encarnado en el homo economicus y las tendencias éticas y filosóficas representadas en el pensamiento de Amarthya Sen, sobre un desarrollo a escala humana.

  9. carolina burgos

    Como cometario a lectura anterior, partiendo de que el desarrollo y comercio dependen de las instituciones, las cuales deben estar relacionadas constructivamente y con objetivos en común, para lograr una economia sostenible, es necesario ir mas allá del intercambio de mercados, se debe armonizar o fusionar la economia, la realidad, recursos naturales e innovaciones tecnológicas, no se pueden tomar aisladamente estos factores, como tampoco por esto, dejar a un lado los principios del comercio.

  10. SANDRA LANCHEROS

    La forma de interacción de las administraciones públicas con el mercado y las organizaciones privadas o de la denominada sociedad civil deben integrarse para lograr la sustentabilidad de la economía global y sobre todo la seguridad alimentaria en los países menos desarrollados, en donde la producción agrícola es la base de su economía pero que no han logrado establecer su integración en red con los países que compran dicha materia prima tanto para su transformación, como para su propio consumo.

    En estos tiempos de globalización no se pueden seguir estableciendo barreras arancelarias y otros tipos de reglas de comercio que impidan que los países puedan desarrollar un comercio fluido con sus vecinos y que permitan de cualquier manera el adecuado manejo de los recursos naturales que no tienen barreras físicas entre un país y otro; no se pueden seguir estableciendo manejos inadecuados que influyen de una u otra manera en el desarrollo sostenible del ambiente y en el desarrollo humano sostenible.

    La diferencia debe venir desde la voluntad política de los niveles nacionales, regionales y hasta el nivel municipal, los cuales planifiquen su desarrollo desde la sostenibilidad ambiental y social.

    Debemos ser conscientes que el problema del cambio climático nos afecta a todos tanto en producción agrícola como de energías para la producción y tantos otros temas que son de carácter global y no de unos pocos países desarrollados.

  11. Anonymous

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