PuentesVolumen 10Número 2 • mayo de 2009

¿Quién quiere una Comunidad Andina?


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El bloque andino celebra su 40 aniversario en medio de un auténtico dilema existencial. Más allá de las declaraciones de las autoridades, ¿se están llevando a cabo acciones para rescatar el bloque?

Quizás, para abonar un poco al terreno de las conjeturas, podría decirse que uno de los grandes problemas para la ejecución del proyecto de integración andina es que la integración no provino desde los países mismos. El artículo 54 del Acuerdo de Cartagena reza que los Países Miembros “armonizarán gradualmente sus políticas económicas y sociales. Sin embargo, no puede dejarse de lado que dentro de cada uno de ellos la brecha entre ricos y pobres es inmensa. Entonces, ¿cómo armonizar políticas de desarrollo entre naciones que no han logrado integrar a sus tan dispares poblaciones en sus respectivos planes de desarrollo? A esto debemos sumar que en el ámbito económico las disparidades entre los países, lejos de atenuarse, parecieran ampliarse cada vez más.

Diferencias y amenazas

Las amenazas de abandonar el bloque son ya cosa común. Lo hizo Perú en ocasión de las dificultades iniciales para reformar la normativa andina para que calzara con su acuerdo comercial con los EE.UU. Lo mismo Bolivia, precisamente a raíz del logro de Perú en la modificación de la normativa,  y más recientemente Ecuador, incluso en el ejercicio de la presidencia pro témpore.

El hecho de que los demás Países Miembros no apoyaran la implementación de medidas de salvaguardia que tomara Ecuador como acción de emergencia para paliar el desequilibrio en su balanza de pagos global, llevó a su Presidente a afirmar que abandonaría el bloque si éste no se constituía en instrumento de bienestar para su pueblo.

La Secretaría General aún debe resolver la apelación que interpuso Ecuador, quien insiste en que su economía se ha visto perjudicada por las devaluaciones monetarias que han aplicado Colombia y Perú y las cuales son medidas que no puede emular por tener la economía dolarizada desde el año 2000.

Las circunstancias descritas hacen pensar en que la manera en la cual la Secretaría General resuelva este asunto no será intrascendente. Además, sobre el Secretario General Freddy Ehlers pesa la solicitud de Bolivia de removerle de su cargo, aunque aún no ha encontrado el consenso estipulado en el artículo 33 del Acuerdo de Cartagena para ejecutar dicha petitoria. Curiosamente las dos opciones, tanto que hubiera consenso para destituir al Secretario General como el hecho de que nuevamente no existe el nivel de acuerdo  necesario, son el reflejo de que el ambiente andino no es precisamente de camaradería.

Una negociación en bloque para un Acuerdo de Asociación con la UE no ha sido posible, y ahora el cuadro que vemos es el de dos países totalmente dispuestos a negociar, Colombia y Perú, aunque este avanza mejor que el otro; un país que primero no quiso nada y ahora dice querer avanzar lento para analizar sensibilidades, Ecuador, y un último país que decidió separarse definitivamente de las negociaciones, Bolivia, por considerarlas un simple Tratado de Libre Comercio más, muy lejano a lo ofertado por la UE en términos de desarrollo sostenible y respeto a las asimetrías. Al respecto, el Canciller Choquehuanca dio una conferencia de prensa el pasado 14 de mayo en la que enfatizó que lo que Bolivia ahora busca es sencillamente que se cumpla la Decisión 667 de junio de 2007. En esta, la CAN acordó no sólo negociar en bloque, sino también plasmó la posibilidad de avanzar a distintas velocidades y profundidad de compromisos. Además, Choquehuanca aseveró que cuando Bolivia ejerció su derecho de expresar sus inquietudes en las mesas de negociación, Perú respondió con la propuesta de negociar bilateralmente.

¿Una nueva CAN?

Es así como vemos que las actuales desavenencias ideológicas entre los Países Miembros han exacerbado la reticencia de los gobiernos a la cesión de soberanía y el consecuente incumplimiento de compromisos adquiridos y resoluciones, el ejercicio del “veto” y la imposibilidad de consensos en temas que competen a todos.

“Una nueva visión estratégica, a nuestro criterio, nos debe permitir con pragmático realismo definir la CAN que tenemos, la CAN que queremos y la CAN que podemos”, Estas fueron las palabras que recientemente pronunciara Ramón Torres, Delegado Presidencial del Ecuador, las cuales son un indicio de que el proyecto andino de integración no tiene correspondencia con las aspiraciones de cada País Miembro.

Trazar nuevamente el camino pareciera una tarea no agradable y sobre todo, poco próspera. Ya sea en el campo comercial o en el diplomático, las desavenencias no cesan. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿quieren los andinos realmente la CAN? En la actualidad pareciera ser sólo la reminiscencia de un antiguo sueño de unión entre naciones que quisieron promover el desarrollo equilibrado y armónico entre ellos, y ver reducida su vulnerabilidad externa, tal como reza parte de su Primer Objetivo. Por lo pronto, el presidente de Bolivia, Evo Morales, pidió el pasado 13 de mayo una Cumbre de Presidentes “para nuevamente poner[se] de acuerdo”.

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