Discuss this articleShare your views with other visitors, and read what they have to say
Las veinte economías más importantes del mundo se comprometieron con el ‘plan global para la recuperación y la reforma’ el pasado 2 de abril en Londres. Algunos aspectos de esta estrategia de rescate han sido muy vitoreados; otros, muy cuestionados. La crisis sin duda clama respuestas.
La cara positiva de la moneda
Quizás el apartado del comunicado que más atención atrajo de expertos fue el incremento de recursos para el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los líderes del G-20 acordaron la inyección de US$ 1 billón en recursos adicionales para el FMI (los cuales ya habían comenzado a repartirse parcialmente), y para objetivos como el financiamiento para el comercio (para cuyo propósito el Banco Mundial se encargará de distribuir US$ 50.000 millones). Analistas como Jeffrey Sachs[1] consideran que dichos resultados sobrepasaron las expectativas y que la contribución para mejorar la liquidez mundial será de mucha utilidad, especialmente para las economías emergentes.
Otros de los avances más relevantes desde su punto de vista es en cuanto a normas financieras más precisas. El G-20 incrementó las competencias del Consejo de Estabilidad Financiera con la intención de implementar normas más estrictas para el sector financiero, así como para promover un nuevo orden financiero internacional. Guillermo Calvo, profesor de la Universidad de Columbia, ha comentado que el comunicado del G-20 representa “un cambio mayor y positivo en la manera en que los líderes del mundo ven las crisis financieras”, pues han pasado de señalar culpables a reconocer la existencia de crisis sistémicas y reacciones en cadena que involucran a muchos inocentes[2].
En otras modificaciones de tipo financiero, el G-20 prevé obligar a los fondos de altos riesgo (hedge funds) a registrarse y proveer información sobre sus operaciones. En torno a los debatidos sueldos y las compensaciones para los ejecutivos financieros, se pide seguir los códigos de buenas prácticas y reservar más capital para hacer frente a situaciones de alto riesgo.
El aspecto social también encontró lugar en la cumbre del G-20, cuyo slogan fueron las palabras: estabilidad, crecimiento y empleo. Los países del G-20 reconocieron su responsabilidad colectiva para mitigar el impacto social de la crisis, por lo que acordaron brindar US$ 50 mil millones para protección social, comercio y desarrollo en los países de bajos ingresos.
Críticas a flote
Aunque el economista Charles Wyplosz[3] del Centre for Economic Policy Research reconoce que probablemente era una misión imposible pedir más del G-20, piensa que debió acordarse una mayor coordinación en política fiscal, pues mientras algunos países están haciendo mucho en ese frente, otros no, por lo que se requería llegar a cierto entendimiento. Precisamente al Presidente estadounidense Barack Obama se le cuestionó en su país el no haber logrado apoyo entre sus pares para implementar paquetes adicionales de estímulo fiscal.
Otra de las observaciones de Wyplosz es en cuanto a la falta de detalles sobre la mitad del billón de dólares anunciados, lo que genera dudas sobre si el dinero en realidad está disponible. En cuanto a la restructuración y una mejor gobernabilidad tanto del FMI como del Banco Mundial, Wyplosz destaca que estos cambios se han estado contemplando desde hace muchos años, por lo que es probable que poco suceda en este frente.
Tal vez el aspecto más gris del comunicado del G-20 sea en cuanto al rechazo al proteccionismo. La redacción fue más bien repetitiva y se quedó en declaración de buenas intenciones, pues como confirmó el Banco Mundial más tarde (ver artículo en página 21), la tendencia proteccionista no hizo sino aumentar después de la cumbre de Londres. El G-20 también pudo haber aprovechado la ocasión para dar mayor impulso a la gobernanza económica internacional y la Ronda Doha (ver artículo en página 11).
Paraísos fiscales
La lista negra de los paraísos fiscales fue uno de los apartados del comunicado que fue muy aplaudido y a la vez controversial. En América Latina, Costa Rica y Uruguay se han visto perjudicados pues su legislación sobre el secreto bancario no cumple con los lineamientos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Pero luego de que se comprometieran a modificar su legislación y así cumplir las normas mínimas internacionales sobre intercambio de información fiscal, la OCDE los sacó de la “lista negra” y los ubicó en la “lista gris”, junto a Chile, Guatemala, Panamá, Suiza y otros, evitando de este modo sanciones económicas.
Principio del camino
Las crisis pueden ser internacionales pero las respuestas son nacionales, repiten expertos. Jeffrey Sachs en esa misma línea reflexiona que “los comunicados no son sino el comienzo, y no el fin del proceso de una verdadera cooperación global”. Las palabras del G-20 no son mágicas ni han puesto el punto final a la crisis, como hemos podido corroborar. Es a nivel nacional donde se deben hacer los mayores esfuerzos y traducir los compromisos internacionales en acciones prácticas. Este es el recorrido que se está haciendo y el cual eventualmente se evaluará, probablemente en la siguiente cumbre en Nueva York.
[1] Sachs, J. (2009). The G-20 Summit: Accomplishments beyond expectation, 3 de abril 2009, http:// voxeu.org
[2] Calvo, G. (2009). The G20 communiqué: Work in progress but good news for emerging markets, 6 de abril de 2009, http:// voxeu.org
[3] Wyplosz, C. (2009). The outcome of the G20 Summit: A sceptic´s view, 3 de abril de 2009, http:// voxeu.org
Add a comment
Enter your details and a comment below, then click Submit Comment. We’ll review and publish the best comments.