PuentesVolumen 10Número 3 • julio de 2009

Clima, liberalización comercial y más alimentos: nuevas promesas del G-8


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Cualquiera que sea la fórmula, G-8 más G-5, o G-20, la realidad es que el impulso y las palabras de aliento de los líderes son útiles, pero tienen que ser suficientes para traducirse en esfuerzos reales que se transformen en resultados.
Cambio climático, seguridad alimentaria y un plazo tentativo para el fin de la Ronda Doha fueron algunas de las áreas cubiertas durante la última reunión del G-8, que esta ocasión también sumó a Brasil, China, la India, México y Sudáfrica en el encuentro sucedido en L´Aquila, Italia del 8 al 10 de julio.
Cambio climático
Tal vez el apartado de la declaración que provocó más entusiasmo - aunque con reservas -  fue la aceptación de los mandatarios, incluidos China y la India, que la temperatura promedio global no puede superar en dos grados centígrados aquella existente antes de la era de la industrialización. La otra parte del trato consiste en reducir en un 80 por ciento los gases de efecto invernadero para 2050 en los países desarrollados, y en un 50 por ciento en el resto de las naciones.
El reconocimiento de hallazgos científicos a través de estos planes es representativo para los estudiosos de la materia. El Financial Times había escrito que estas promesas van más allá que cualquiera otra durante toda la década. Otro hecho destacable es que los países emergentes están encaminándose al principio de ‘responsabilidad comunes y diferenciadas’, algo que los países más contaminantes, como los EE.UU., abogan reiteradamente en las negociaciones.
Sin embargo, trazar una ruta a más de 40 años atenúa el propósito, flaquea los planes.  Los países en desarrollo quieren que los países ricos se aventuren con metas más próximas, como el año 2020, razón por la cual un acuerdo en Copenhague es impostergable. Otra gran imperfección del G-8 es que no se precisa cómo serán posibles estos objetivos. “De nuevo, los países ricos han preferido distraer a la sociedad. Hablan de evitar un aumento de dos grados de la temperatura global y de reducir las emisiones para 2050 sin explicar qué van a hacer hasta entonces para conseguirlo”, comentó la directora de Intermón Oxfam, Ariane Arpa.  Pero el presidente Barack Obama en tono diplomático resumía el freno y la realidad política internacional: “En tiempos de crisis económica global, [...] se puede pensar que las medidas para atajar el cambio climático perjudicarán las posibilidades de recuperación”.
Seguridad alimentaria
En seguridad alimentaria el G-8 se puso la meta de entregar US$ 20 mil millones en financiamiento para proyectos agrícolas e infraestructura para países pobres, algo que contrasta con los planes incompletos  de Jacques Diouf, director de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) cuando pedía fondos y más conciencia dada la crisis mundial de alimentos que se destapó el año pasado. La cifra de víctimas del hambre ya es, por cierto, de 1.020 millones de personas, según ha anunciado la FAO.  Números que son elevadísimos y que representa un incremento del 10% en comparación con 2008, y por supuesto un universo de gente esperando estar mejor, con más salud y menos hambre.
Hace algunas semanas precisamente Olivier De Schutter, relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho alimentación, pedía a los negociadores en Ginebra poner justamente ese derecho y la seguridad alimentaria en el centro de las negociaciones agrícolas. En su informe, De Schutter decía que se amerita mayor colaboración internacional entre organismos internacionales, y permitir que sea precisamente ese derecho el que defina la agenda de esas negociaciones en la OMC; algo que tal vez los diplomáticos comerciales nunca antes habían pensado.
Comercio

Quizás el punto menos destacado de la declaración del G-8, pero más relevante para los negociadores en Ginebra sea el comprometer una nueva fecha para el fin de un acuerdo de la Ronda Doha. Promesas de ese estilo ya se han escuchado muchas en el pasado; es parte de la dinámica habitual de los mandatarios. Sin embargo, en estos tiempos de crisis económica, la gran interrogante que surge es saber si verdaderamente los países están listos para aceptar un acuerdo que pueda limitar su capacidad para  proteger a su industria doméstica.”[Hay] que distinguir entre contener el proteccionismo y liberalizar más. No puedo pensar en ningún ejemplo de liberalización cuando el estrés macroeconómico es enorme”, comentó Jagdish Bhagwati, profesor de la Universidad de Columbia, sobre esta reunión. “Cuando en realidad se trata de la liberalización del comercio, [los políticos] tienen que hacer frente a sus parlamentos y sus públicos”. Y esa prueba, podría decirse, no es sencilla.
La cumbre del G-8 políticamente representa un parte aguas entre la cumbre del G-20 en Londres y aquella que se celebrará en los EE.UU. en septiembre. Quizás el asunto que menos captó la atención en esta ocasión pero que será el epicentro en Pittsburgh es la crisis económica. Los dineros que se prometen, eso sí, aseguran expertos, tanto para la recuperación económica como para seguridad alimentaria, pueden ser desafortunadamente menores a los requeridos, pero en todo caso deben ser nuevos y su aplicación cabal para que el G-8 mantenga cierta legitimidad y credibilidad.
Informe del Relator Especial sobre el derecho a la alimentación, Olivier De Schutter, Misión a la Organización Mundial del Comercio (25 de junio de 2008). Asamblea General, Consejo de Derechos Humanos, 4 de febrero de 2009, A/HRC/10/5/Add.2

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