Puentes • Volumen 10 • Número 4 • septiembre de 2009
El comercio toma notoriedad en el debate sobre cambio climático
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Preguntas sobre cómo un eventual acuerdo global sobre cambio climático impactará la economía mundial - y en particular el comercio transfronterizo - se tornaron más relevantes en el último encuentro de negociación sucedido en Bonn, Alemania.
En un intento por inyectarle mayor impulso a las negociaciones que pronto se encontrarán frente al reto mayúsculo de acordar un sucesor al Protocolo de Kioto en Copenhague, del 10 al 14 de agosto los negociadores abordaron las implicaciones comerciales respecto a temas como mitigación y transferencia de tecnología.
Mitigación
Mientras que los EE.UU. se están encaminando a la implementación de medidas en frontera para aquellos productos que sean altamente contaminantes, los países en desarrollo podrían discrepar de este enfoque de mitigación ya incluido en la iniciativa de ley Waxman-Markey. La India en tal sentido - y que es uno de los focos de atención para el grupo industrializado - presentó una propuesta que aboga porque los “países desarrollados no (…) recurran a ningún tipo de medidas unilaterales, incluidas las medidas fronterizas, en contra de los bienes y servicios importados de los países en desarrollo por razones de protección y estabilización del clima”.
Sin embargo, el respaldo recibido por varios países en desarrollo no es compartido ni por los EE.UU., Japón, o la Unión Europea (UE), para quienes la adopción de medidas de esa naturaleza no violaría los principios de ‘responsabilidad comunes pero diferenciadas’ ni la relación entre las acciones de mitigación que competen a los países en desarrollo y la aportación de recursos financieros y tecnología por los países ricos, según alega la India.
Otro conflicto Norte-Sur versa sobre la necesidad de definir objetivos de mitigación que sean aplicables a todos los países en sectores específicos. Los países en desarrollo están en franca oposición, pues temen que se podrían generar circunstancias adversas para la competitividad y el comercio. Prefieren que su participación sea voluntaria, y que esos objetivos no reemplacen sus planes nacionales de acción.
Transferencia de tecnología
Una de las declaraciones más contundentes que los EE.UU. hayan pronunciado en estas negociaciones es sobre su posición en materia de derechos de propiedad intelectual (DPI). Inicialmente la delegación estadounidense había señalado su interés en entablar un diálogo abierto al respecto, pero luego aclaró que se opondría a cualquier modificación a dicho régimen.
Sin embargo, la cooperación de los países desarrollados, en particular de los EE.UU., se estima vital en este debate. El G-77 + China han expresado en su mensaje conjunto que perciben los DPI como una barrera para acceder a la tecnología necesaria para abordar la problemática climática de manera urgente. Y es que cierta flexibilidad en propiedad intelectual se hace manifiesta en el texto de negociación para medidas tales como: licencias obligatorias para las tecnologías ambientales patentadas, patentes mancomunadas, precios preferenciales para las tecnologías ambientalmente racionales (ETS, por sus siglas en inglés), patentes de duración reducida, la creación de centros de tecnología en los países en desarrollo, etc.
La renuencia estadounidense - y hasta cierto punto la vacilación europea - procede de la inquietud de su sector privado que vaticina pérdidas monetarias importantes y falta de incentivos a la innovación. Esta postura, que permea en la Cámara de Representantes de los EE.UU., podría encontrar un equilibrio en los próximos meses, al menos con respecto a China. El país asiático demanda tecnología y el gobierno de Barack Obama quiere que China asuma compromisos, lo que generaría un espacio para negociar y posiblemente acordar.
Presencia europea
A pesar de que los EE.UU. han asumido un papel de mayor participación en las negociaciones, aunque con ciertas abstracciones, por ahora es la Unión Europea (UE) quien marcha en búsqueda de resultados concretos de Copenhague. Apenas el 10 de septiembre la Comisión Europea planteó destinar de 2.000 a 15.000 millones de euros anuales a partir de 2020 para un fondo de ayuda a los países pobres para combatir el cambio climático, entre el 10 y el 30% del total de los recursos que se requerirían. La UE, eso sí, persigue la contribución económica de los países emergentes, como Brasil, China, México o la India, y condiciona la puesta en marcha del proyecto a la conclusión exitosa de la cumbre de diciembre.
En ese orden de ideas, Francia y Alemania ya han adelantado que una vez conseguido un acuerdo internacional en la materia, tratarán de convencer a los países del bloque para que adopten impuestos a las importaciones contaminantes, de manera parecida a la iniciativa de los EE.UU.
Próximamente
El debate sobre cómo enfrentar el reto global del cambio climático continuará en Bangkok, Tailandia, del 28 de septiembre al 9 de octubre. Se espera que en esa ocasión las discusiones se centren en el papel de la agricultura, y se retomen los temas pendientes antes mencionados.
De cara a la cumbre de Copenhague del 7 al 18 de diciembre, Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, identificó cuatro cuestiones esenciales que deberán ser decididas en ese encuentro: las reducciones a las emisiones que los países industrializados están dispuestos a efectuar, así como las acciones que los países en desarrollo podrían emprender; las fuentes de financiamiento para costear la transferencia de tecnología, y la manera en que dicho financiamiento será administrado. El plan se estima ambicioso y las discusiones intensas.
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